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El precio de construir vs. el costo de operar: la diferencia que importa

hace 11 minutos
4 min de lectura

Construir un edificio es una inversión visible. El presupuesto de obra, los materiales, los equipos, la mano de obra y los tiempos de construcción permiten conocer cuánto cuesta llevar un proyecto desde el diseño hasta su entrega. Pero existe una pregunta mucho más importante para un propietario, inversionista o administrador de activos:


 ¿Cuánto costará realmente ese edificio durante toda su vida útil?

El error está en analizar el activo únicamente desde su valor de construcción. Un edificio no termina cuando se entrega la obra; en realidad, allí comienza una etapa que puede concentrar la mayor parte de sus costos. Operación, mantenimiento, consumo energético, renovación de equipos, gestión de espacios, cumplimiento normativo y decisiones de inversión determinan cuánto valor será capaz de conservar y generar el activo a lo largo del tiempo.


El costo de un edificio continúa después de la entrega

El ciclo de vida de un activo inmobiliario comprende mucho más que diseño y construcción. Después de la puesta en marcha llegan años de operación, mantenimiento, renovación y actualización de sus diferentes sistemas. Cada decisión tomada en una etapa tiene consecuencias económicas sobre las siguientes: seleccionar un equipo HVAC, por ejemplo, no debería depender únicamente de su precio de adquisición, sino también de su consumo energético, frecuencia de mantenimiento, disponibilidad de repuestos, vida útil, facilidad de operación y costo de reemplazo.

Esta perspectiva se conoce como análisis de costo del ciclo de vida: evaluar una inversión considerando no solamente cuánto cuesta adquirirla, sino también cuánto costará operarla, mantenerla, renovarla y eventualmente reemplazarla. El Departamento de Energía de Estados Unidos utiliza metodologías de Life Cycle Cost precisamente para comparar alternativas de inversión considerando sus costos durante la vida útil de un edificio.

Y existe un dato que debería cambiar la manera en que se conversa sobre los costos inmobiliarios: IFMA estima que entre el 60 % y el 80 % de los costos del ciclo de vida de un edificio pueden concentrarse durante su etapa de operación. Esto significa que la construcción representa solamente una parte de la historia económica del activo; una proporción significativa del gasto ocurre durante los años posteriores a su entrega.


Cuando las ineficiencias se convierten en costos permanentes

El dinero no siempre se pierde a través de grandes inversiones inesperadas. Muchas veces desaparece lentamente a través de ineficiencias que se repiten durante meses o incluso años. Un mantenimiento que se realiza únicamente cuando aparece una falla puede terminar siendo más costoso que una estrategia preventiva. Un sistema de climatización que funciona por encima de las necesidades reales puede incrementar permanentemente el consumo energético. Un contrato sin indicadores claros puede generar pagos sin una medición adecuada del desempeño y un equipo cuya vida útil no ha sido monitoreada puede terminar siendo reemplazado antes de que exista una estrategia financiera para hacerlo.

A esto se suma uno de los problemas más frecuentes en la gestión de activos: la información fragmentada. Planos, manuales, garantías, hojas de vida de equipos, contratos, mantenimientos, consumos y reportes pueden encontrarse en diferentes lugares y formatos. Cuando esta información no está integrada, identificar riesgos, priorizar inversiones o determinar qué necesita realmente el edificio se vuelve más lento y reactivo. La gestión energética es un buen ejemplo: el Departamento de Energía de Estados Unidos recomienda utilizar sistemas que permitan monitorear, analizar y controlar el consumo y el desempeño de los edificios. En determinados edificios federales, estrategias de optimización operativa mediante re-tuning han reportado ahorros energéticos de entre 5 % y 25 %.


Por eso, administrar un edificio no es necesariamente lo mismo que gestionar estratégicamente un activo inmobiliario. Facility Management permite coordinar la operación, mantener las instalaciones, gestionar servicios y garantizar condiciones adecuadas para los usuarios. Asset Management incorpora una mirada más amplia: conecta esa información operativa con desempeño, riesgos, presupuesto, mantenimiento, planificación de CAPEX y objetivos del negocio. El resultado es una gestión que permite identificar qué activos son críticos, cuánto cuesta mantenerlos, qué riesgos presentan, cuándo será necesario intervenirlos y qué impacto tendrá cada decisión sobre la operación y el valor de la inversión.


El valor se construye durante toda la vida del activo

Un edificio eficiente no es necesariamente aquel que tuvo el menor costo inicial. Es aquel que consigue un equilibrio entre inversión, desempeño, riesgo, operación, mantenimiento y vida útil. Por eso, las decisiones tomadas durante el diseño y la construcción deberían considerar desde el principio cómo será operado el activo y qué información necesitarán los equipos responsables de mantenerlo funcionando. IFMA destaca la importancia de conectar las etapas de diseño, construcción y operación, especialmente porque la información generada durante la construcción no siempre llega completa o estandarizada a quienes posteriormente administrarán el edificio. 

La misma lógica aplica a la sostenibilidad. El World Green Building Council plantea el concepto de Whole Life Carbon, que considera no solamente las emisiones asociadas a la operación, sino también aquellas relacionadas con materiales, construcción, mantenimiento, renovación y final de vida del activo. Esto refuerza una idea fundamental: el desempeño de un edificio no debería evaluarse únicamente en el momento de su entrega, sino durante todos los años en los que permanece funcionando.


En este contexto, gestionar un activo significa anticiparse. Significa contar con información confiable para identificar riesgos antes de que se conviertan en fallas, establecer indicadores para medir el desempeño de proveedores y sistemas, planificar las inversiones de CAPEX con criterios técnicos y económicos y entender dónde existen oportunidades reales de optimización. No se trata simplemente de reducir gastos, sino de determinar qué gastos generan valor, cuáles protegen el activo y cuáles pueden evitarse mediante una mejor gestión.

Un edificio, finalmente, no es una inversión únicamente el día que se inaugura. Es una inversión durante todos los días en que logra operar eficientemente, conservar su desempeño, responder a las necesidades del negocio y mantener su valor. El verdadero reto no es construir más barato, sino lograr que cada decisión tomada sobre el activo contribuya a que este sea más eficiente, sostenible y rentable durante toda su vida útil.

El objetivo no es simplemente gastar menos. Es lograr que cada peso invertido en el activo genere mayor valor.


En Accuro acompañamos a propietarios y organizaciones en la gestión técnica de sus activos, integrando información, operación y estrategia para identificar oportunidades de optimización, mejorar el desempeño y tomar mejores decisiones sobre OPEX, CAPEX y ciclo de vida.

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